La leyenda de Noor Yahann
Dicen que hace mucho tiempo, cuando el mundo aún aprendía a escuchar el lenguaje del viento, nació una mujer cuyo nombre era Noor Yahann.
Nadie sabía exactamente de dónde venía. Algunos decían que había llegado desde el desierto, donde las dunas guardan secretos antiguos. Otros juraban haberla visto aparecer al amanecer, cuando la primera luz toca la tierra.
Su nombre significaba Luz del mundo, y quienes la conocían decían que no era una metáfora.
Cuando caminaba, su presencia parecía encender los espacios.
Cuando danzaba, el aire mismo parecía recordar historias olvidadas.
No hablaba mucho.
Prefería contar las cosas con el movimiento.
Sus manos narraban la nostalgia, sus pasos hablaban de esperanza,
y su mirada parecía atravesar el tiempo.
Las personas que la veían bailar decían que algo cambiaba dentro de ellas.
Como si una puerta silenciosa se abriera en el corazón.
Por eso comenzó a circular un rumor entre viajeros y poetas:
Que Noor Yahann no era solo una bailarina, sino una guardiana de la luz que habita en el alma humana.
Y que cada vez que danzaba, el mundo —aunque fuera por un instante— recordaba quién era realmente.
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