Cambiar de rumbo
Muchas veces insistimos en seguir un camino que ya no podemos transitar.
Insistimos en ser quienes siempre fuimos.
Pero cambiamos…
Nuestro ser está en continua evolución y aprendizaje. A veces, nuestro camino se ve truncado por situaciones inesperadas, por cambios radicales que nos vemos obligados a tomar. El curso normal de la vida se rompe y quedamos suspendidos en una especie de burbuja emocional…
De tanto insistir, tarde o temprano nos damos cuenta de que el camino cambió, de que el paisaje ya no es el mismo. Y entonces debemos dejar atrás el bagaje de recuerdos, no para olvidarlos, sino para que dejen de pesar y puedan conservar la magia que los caracteriza.
No podemos andar por la vida arrastrando y estropeando regalos tan bellos. Es mejor dejarlos allí, quietos, como en una vitrina del corazón, para seguir amándolos como siempre. Esa es, quizás, la mejor forma de seguir adelante.
¿Somos arquitectos de nuestro propio destino?
No, si pensamos que jamás pedimos lo que nos toca atravesar.
Sí, si pensamos en qué hacemos con aquello que nos sucedió.
Hoy tengo claro que mi etapa en la danza llegó a su fin. No porque yo lo haya querido, sino porque me veo obligada a tomar otro rumbo. Mi cuerpo ya no puede, y me debo un tiempo para mí. Sin embargo, la danza aún vive en mí.
Años de estudio e investigación —como ratón de biblioteca— los llevo acumulados bajo el brazo. Danzar no es solo ejecutar pasos: hay un estudio profundo del cuerpo, de la anatomía, de la fisonomía del movimiento, de la proyección…
Entonces debo dar un giro. Ya no puedo enseñar desde lo físico, pero sí aportar desde el conocimiento, desde lo bibliográfico, desde todo aquello que esté a mi alcance compartir.
Mi vida cambió de pronto, y recién ahora pude aceptar ese cambio. Hubo, sin embargo, un proceso doloroso en el medio, del cual hablaré más adelante.
Una nueva etapa comienza para
Noor Yahann.